Buenas Aventuras

En general, la religión es aburrida. Sin embargo, no hay nada más interesante en toda la creación que Dios mismo. No hay aventura mejor que las que podemos tener con Jesucristo. Siempre resultan buenas, y las historias no tienen nada de aburridas. Ser "bienaventurado", equivale a ser bendecido. Hace más de 40 años empecé a tener aventuras con Cristo. Aquí comparto contigo algunas de mis historias.

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Lugar: Indiana, United States

15.9.06

En la Plaza Roja

Cuando yo tenía apenas unos meses de andar esperando buenas aventuras con Jesucristo, se me presentó la oportunidad de visitar Rusia con unos compañeros universitarios.

Era la época de la guerra fría. Los alemanes empezaron a construir el muro mientras yo estaba en Moscú. En mi país decían que todo lo comunista era malo. Yo no era rebelde, pero quería ver por mi misma cómo se vivía allí. Claro que andábamos muy supervisados y vimos lo que nuestros guías consideraban conveniente. Nos traducían y nos interpretaban lo que vimos.

Hicimos lo turístico de siempre: museos, exposiciones y una entrevista programada con estudiantes de la universidad de Moscú. Una tarde unos cuatro o cinco de nosotros nos encontramos en la Plaza Roja. En ese entonces gente del occidente era una rareza allí, y se congregó alrededor de nosotros una multitud de curiosos. Alguien nos hizo una pregunta y la guía que estaba con nosotros la tradujo, y luego la respuesta también. Luego había mucho entusiasmo para hacernos preguntas, y la guía tuvo mucho trabajo por un espacio de media hora. No teníamos manera de saber si traducía bien o no lo que decíamos.

La multitud había crecido a unas 40 ó 50 personas, todas intentando oír la conversación. Nos empujaban tanto que ya éramos un núcleo pequeño en el centro de un círculo grande. Detrás de mí había un hombre pequeño que tenía la barba firmemente metida en mi hombro para poder oír mejor. Entonces alguien preguntó algo que hacía enrojecer la guía y la dejaba avergonzada. La pregunta era para mí, pero ella dijo que no sabía cómo hacerla, porque era algo muy personal, algo de que la gente normalmente no hablaba. Yo le di permiso de preguntar de todas formas.

Habían notado que yo tenía una crucecita en una cadena en la nuca y querían saber si yo era cristiana. Entonces entendí por qué hubo un grito sofocado de asombro cuando se hizo la pregunta. En la propaganda comunista, la gente mala se dibujaba con una cruz en una cadena alrededor de la nuca. Los cristianos eran los malos de la película. Para ellos era un choque ver a alguien vestido así, como proclamando que era malo. A mí me daba alegría decir que amaba a Jesucristo. Respondí “da” en ruso para que no hubiera ninguna confusión en la traducción. Esto produjo más gritos sofocados y la multitud se deshizo rápidamente. Nadie se atrevía quedarse mucho después porque era peligroso.

Pero mientras todos se iban, otro hombre se me acercó. Brevemente me cogió la mano y la apretó algo fuerte. Dijo algo que juntamente con la mirada extática en su cara tendría que interpretarse como “yo también”. Y él también desapareció tan rápido como posible.

Fue la primera vez que yo había dicho en público algo de mi nueva fe. No era más de una palabra, pero obviamente tuvo un efecto grande en la Plaza Roja, que no tenía muchos predicadores en ese entonces.

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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Poca gente simpatiza con una expresión de fe cristiana porque tiene sus temores de los demás. ¿Qué dirán? Pero creo que siempre en una multitud habrá una persona sensible que escucha, aprecia, y expresa las gracias, aunque fuera a decirlo en privado.

9:42 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Si encuentras que tu Fe es algo bueno en tu vida, y creo que en tu caso sí lo es, es ilógico que lo ocultes.
Cuando en una sociedad, el enunciar públicamente que se profesa una religión es "políticamente incorrecto", lo realmente incorrecto es el sistema de valores de esa sociedad.

1:54 p. m.  

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